Coaches ejecutivos, ¿quiénes son y para dónde van?

Rentable o no, el coaching se puso de moda. Varios son los profesionales de diversas especialidades que sintieron que era momento de cambiar algo en su vida profesional y optaron por ser coach, pero enfocados en el mundo empresarial. Son los denominados coaches ejecutivos. A continuación sobre su formación, habilidades y trabajo.

Autor: Daniela Arce

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Varios de ellos se integraron al coaching casi sin saberlo, teniendo más capacidades que otros para escuchar y empatizar con el resto. Fue el caso del ingeniero comercial chileno Mauricio Wasaff, quien tras trabajar durante varios años en puestos ejecutivos y como consultor de diversas empresas nacionales y extranjeras decidió dedicarse al coaching en empresas, el cual ejerce hace siete años.

Y tal como Wasafff explica, las confusiones en torno a qué es realmente un coach ejecutivo, cómo se arma su red de contactos, qué clase de modelo de trabajo tiene y cuáles son sus diferencias con uno de vida, también llamado life coach, entre otros, son cada vez más constantes. Porque aunque esté de moda, y esto contribuya en que el número de personas interesadas en esta metodología crezca, aún no está totalmente determinado su rol.

Para comprender qué es el coaching ejecutivo, la profesora de Trabajo en Equipo y Coaching de eClass Ginny Walker, quien también es gerente de Personas y Desarrollo Humano en Banco Bice, explica que “este, en general, como concepto, es una metodología de intervención que busca que las personas aprendan a mirarse, y a partir de descubrir sus patrones, paradigmas y modelos mentales, sepan desafiarlos y poder mirar de otra forma”. Y su propósito se circunscribe en el desempeño laboral, de forma que las personas generen un cambio en su desarrollo profesional.

Para los coaches, el que se haya puesto de moda también fue causante de que muchas personas, a veces sin estudios relacionados al tema, e incluso, sin las habilidades, comenzaran a trabajar en ello. De ahí que aquellos que no conocen suficiente del tema los confundan con entrenadores, terapeutas o asesores espirituales, y que al coaching lo tomen por una mentoría y consultoría.

En estos casos es preciso aclarar que los mentores son aquellos profesionales más experimentados en una empresa que son generalmente solicitados para que entrenen y aconsejen a los más nuevos. El consultor, en tanto, conoce bastante del negocio, puede generar análisis y orientar a los demás. En cambio, un coach no enseña, sino que ayuda a las personas, en este caso del mundo de la empresa, a tomar decisiones mediante una conversación.

Coach a la carta

Una de las características del coaching ejecutivo, es que son los menos quienes deciden dedicarse a este, en comparación con los otros estilos. Lo que tampoco quiere decir que sea poca la oferta en el mercado ni fácil para ellos encontrar clientes. Mientras algunos llegan a las medianas y grandes compañías a través de una empresa de consultoría, las que ofrecen generalmente paquetes de coaching, el boca boca resulta ser, para algunos, el mecanismo más popular. Como varios han sido ex ejecutivos y conocen personas de ese mundo, resulta más sencillo contactarse o, al menos, ser tomado más en cuenta.

Ahora bien, por más que las firmas trabajen con empresas de consultoría que proponen nombres, siempre estarán en evaluación, de forma de conocer si se han cumplido los objetivos esperados. Lo mismo va para los que llegan por contactos. Y tanto es la rigurosidad en esto, que habitualmente se pide un perfil específico de coach. “Por ejemplo, existen coaches junior y senior”, dice Andrés Pareja-Lecaros, CEO de la consultora especializada en empresas familiares APL Global Consulting.

Pareja-Lecaros explica que “en algunos casos estas consultoras ofrecen una nómina con el nombre y la experiencia de los coaches a las empresas, de forma que en estas puedan escoger. También está la alternativa de conocer personalmente al profesional”.

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¿Cómo trabajan?

Una vez que en la empresa se decide qué coach se encargará de apoyar a un ejecutivo en particular, aunque esto varía según el proceso y del profesional al que apoye, lo primero que se hace es definir para qué la empresa necesita que uno o más ejecutivos tengan sesiones de coaching. Luego es fundamental saber las metas que se buscan cumpla esta persona, junto con las complejidades para este fin. A partir de esto se estructura un plan donde queda estipulado el número de sesiones.

Lo más complicado es trabajar para que una persona adquiera habilidades blandas. En este caso, los coaches advierten que pueden trabajar con el ejecutivo durante un año.

En estos casos, dice Wasaff, “el trabajo consiste en realizar sesiones con el ejecutivo de hora y media, donde se conversa. Luego uno se va y se dejan tareas fijadas, las cuales se revisan en la siguiente sesión. Existen también otras fórmulas, como acompañar a la persona una vez al mes, de manera de observar cómo se comporta en una reunión o con un grupo de trabajadores”.

Al término del proceso, se dejan establecidos los resultados y se comparan con las metas trazadas en principio.

Problemas en el camino

Pese a las altas expectativas que se tienen en las empresas con respecto al coaching, por lo menos en cuanto al desarrollo personal y al liderazgo, existen problemas asociados.

Están, primero, aquellos que se producen por el trabajo mismo del coach con su ejecutivo, donde la cercanía parece no ser bien medida por el profesional.

Pareja-Lecaros relata que en ocasiones esta cercanía produce que las personas crean ser amigos de sus coaches, lo que según él, ocurre porque “puede que el coach mande un mensaje equivocado, y en los momentos de relajo ellos no puedan manejarse correctamente, lo que termina confundiendo al ejecutivo”. Esto, a la vez, sucede porque las sesiones son “difíciles desde lo emocional, pues el coach debe remover los cimientos de la persona. Entonces es normal que éste se moleste con el coach, luego con el mismo, y finalmente reflexione”, agrega.

Lo otro, es cuando los empleados asisten sin compromiso a las sesiones, y que sucede cuando en las empresas obligan a uno o más a vivir una experiencia de coaching.

Pero también ocurre, dice Pareja-Lecaros, que “existe escepticismo sobre el tema, muchos ejecutivos de alta dirección rechazan un poco el coaching, en contraste con los fundadores de una empresa, por ejemplo, quienes están totalmente dispuestos, porque asumen que tienen debilidades”.

Conocimientos y habilidades

¿Pero qué conocimientos y habilidades debe poseer una persona dedicada al coaching? Los coaches son enfáticos en decir que no cualquiera puede ser uno, por más conocimientos o, incluso, certificaciones tenga. Esto último es importante, porque más allá de la certificación es fundamental comprobar la experiencia del coach en empresas de diversos rubros y su pericia en el mundo corporativo.

En el caso de Chile, Wasaff explica que “hace muy poco, no más de dos o tres años, las universidades están ofreciendo diplomados en coaching. Pero tienen muy poco de coaching puro. La otra gran formación son las escuelas Newfield, donde se imparte el coaching ontológico, que también tiene cierta orientación al desarrollo personal”.

En cuanto a las habilidades, se cree que deben tener vocación de servicio y ser sensibles. Walker agrega que tiene que ser alguien con “capacidad de escuchar y suspender juicios personales, habilidad para mirar el comportamiento y trabajar con ciertas hipótesis, hacer preguntas indagatorias de forma que el otro se cuestione. También ayuda tener coraje para levantar temas que no siempre son fáciles, y , sobre todo, respetar al otro”. También debe ser capaz de no imponer una respuesta, sino que tener una mirada propositiva.

Claudia Jaramillo, coach Corporativo certificado por la ICC (International Coaching Community), agrega que se necesita “saber mucho de liderazgo, naturaleza humana, estilos conductuales, coaching de equipos, y sobre todo, haber tenido un proceso personal que te permita vivir la vida en forma equilibrada”.

Para Cristián Duarte, presidente de Transearch Chile, en tanto, también ayuda “estar motivado por acompañar a otro en el logro de sus metas profesionales, poseer un pensamiento sistémico para visualizar, más allá de lo obvio, los diferentes elementos que influyen en una determinada situación laboral o profesional. Además de tener buenas habilidades para poner en palabras lo que el otro expresa que le ocurre”.

Por estos requisitos se podría asegurar que los pocos coaches ejecutivos de la región – se afirma que en Argentina, Chile, Colombia y México es donde existe mayor demanda- ganan bien, pero los entrevistados aseguran que esto no es tan así, por lo menos cuando se compara con la realidad de Europa o EE.UU. Por ello, tampoco es posible asegurar que se puede vivir del coaching.

“No existen muchos coaches ejecutivos dedicados a esto exclusivamente y que vivan de ello. Hay mucha gente que hace unas pocas sesiones como complemento a sus actividades formales”, relata Jaramillo, quien agrega que aquellos que se dedican totalmente a esto, es su caso, “el tema de la rentabilidad es relativa, porque depende de los modelos de negocios aplicados”. Según la coach, existe gente que hace pocas sesiones y cobran más dinero, mientras el resto realiza más sesiones, cobra más barato y lleva a cabo un proceso más extenso. Por ello, “hoy se cobra lo que cada coach sea capaz de venderse y que el cliente este dispuesto a pagar, y las posibilidades son muy amplias”.

Con esto, es probable que más países de la región se sumen a solicitar servicios de coaching, al igual que las pequeñas empresas, las cuales aún, teniendo los recursos, creen que no deben utilizar el dinero en ello. Para Wasaff, es posible que “siga consolidándose a nivel internacional y nacional como una alternativa de desarrollo más eficaz de aprendizaje reflexivo-experiencial de los ejecutivos, directivos y de las organizaciones, en comparación con el resto de metodologías y enfoques cognitivos-tradicionales de entrenamiento”.

Sin embargo, también es cierto que si ahora reconocer a un coach profesional y que realmente logre resultados óptimos, es complicado, más aún lo será en los próximos años. “El coaching se está volviendo cada vez más caótico y difícil de entender para aquellos potenciales clientes que no están familiarizados con el tema. Tampoco veo señales que se ordene y profesionalice la actividad. Es lo que hoy está pasando en Europa donde encuentras el gran negocio de las formación de coaches con cientos de alternativas, enfoques, certificaciones, maestrías y especialidades de coaching”, concluye Wasaff.

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