Guerras cambiarías o ¿falta de qué?

La caja de herramientas de los bancos centrales de los países desarrollados luce cada vez más vacía. Frente al reto de la crisis global, los banqueros centrales han sacado todo el arsenal y, para algunos, no queda más remedio que recurrir a otras herramientas que tienen daños colaterales significativos para el resto de economías. Total, si de lo que se trata es de sacar a su economía de la crisis, no parece estar prohibido pasarle el problema al vecino.

En estas semanas, las nuevas autoridades japonesas han impulsado una nueva estrategia para sacar a esta economía de una larguísima parálisis luego de su crisis financiera de los 90. La estrategia, que ha pasado llamarse “Abenomics” en honor al nuevo primer ministro, busca lograr que la economía japonesa vuelva a ser más competitiva. Para ello, el camino elegido es más bien un atajo: tratar de devaluar el yen respecto al resto de competidores. El yen se ha devaluado respecto al dólar nada menos que 17% desde el comienzo del último trimestre del año pasado. Esto no se veía desde hace 30 años.

Obviamente, esta medida ha recibido el rechazo de todo el resto del planeta, pues es visto como una repetición del episodio de devaluaciones competitivas luego de la crisis de la Gran Depresión. Durante este episodio, los países fueron abandonando el Patrón Oro y devaluando sus monedas frente a niveles históricamente altos de desempleo, exactamente lo que ahora se ve de manera clara en Europa. Los países que empezaron primero salieron más rápido de la crisis respecto a los países que demoraron en tomar dicha determinación.

El rechazo asociado a esta se debe a que se la percibe como una estrategia en la cual la situación se resuelve pasando el problema al vecino, en lugar de resolverlo juntos o, al menos, tomando en cuenta el impacto que dicha medida tendrá sobre el resto de economías.

Lo cierto es que los Bancos Centrales de los países desarrollados han optado por ampliar sus balances de una manera sin precedentes, dados los límites fiscales que todas estas economías enfrentan. Pero, en esta guerra de quién está dispuesto a tirar más lejos el libro de texto, lo que queda claro es que evitar una crisis aún mayor no es lo mismo que salir fortalecido de ella. Los países desarrollados no pueden pretender que a través de devaluaciones de sus monedas saldrán adelante. El intentarlo de esa manera no es más que una muestra evidente de la falta de cooperación en la gestión económica de las grandes potencias.

El camino de la solución al problema pasa por otro lado. Mientras tanto, las autoridades siguen pateando para adelante la tarea de emprender verdaderas reformas estructurales en sus economías.

FUENTE: http://www.semanaeconomica.com/

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